Artistas

Una maestra del arte performático que explora el cuerpo y la mente: Marina Abramović (Марина Абрамовић)

«Si estuvieras frente a una artista, ¿hasta dónde llegarías?»

Marina Abramović no es simplemente una artista de performance. Es una experimentadora que explora la esencia de la existencia humana con todo su ser, y es como un espejo que deja al descubierto los instintos primarios que acechan en nuestro interior. Ver su obra no es una experiencia cómoda.

Más bien, es un momento en el que te enfrentas directamente a lo cruel que puedes llegar a ser, o a cuánto puedes soportar.

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Rhythm 0: Revelando la naturaleza humana

«Rhythm 0» tuvo lugar en Nápoles en 1974. Abramović se encontraba allí, completamente indefensa. Sobre la mesa había 72 objetos: rosas, plumas, cadenas, hojas de afeitar, cuchillos e incluso un arma cargada con munición real. El público tenía libertad para hacerle lo que quisiera. Al principio, fueron amables: le entregaban rosas y la tocaban suavemente. Pero a medida que pasaba el tiempo, los instintos del público se despertaron.

Le rasgaron la ropa. Un cuchillo le rozó la piel. Un hombre le puso una cuchilla de afeitar en la garganta, mientras que otro le apuntaba con un arma cargada a la cabeza. La performance terminó seis horas después. Cuando Abramović comenzó a moverse, las personas que la habían maltratado apenas unos minutos antes huyeron, apartando la mirada.

“En el momento en que se dieron cuenta de que era un ser humano, no un objeto, todos huyeron”.

Esta obra puso al descubierto un aspecto oscuro de la psicología humana. Cuando desaparecen las normas sociales, ¿hasta qué punto pueden llegar a ser crueles los seres humanos? Abramović nos planteó esta pregunta, y la respuesta fue impactante.

Energía inmóvil: ¿amor o miedo?

No se limitó a explorar el dolor físico. Puso a prueba la esencia de las relaciones humanas y el equilibrio entre la confianza y la tensión. En 1980, su obra *Rest Energy*, creada junto a su compañero artístico y amante Ulay, estaba impregnada de una tensión extrema.

Los dos se paraban uno frente al otro, apuntándose mutuamente con un arco y una flecha. Ulay tenía la cuerda del arco tensada al máximo, y la punta de la flecha apuntaba directamente al corazón de Abramović.

«En el momento en que su mano resbale, ella morirá al instante».

Todo dependía de la mano de Ulay. Esta obra no era simplemente una performance. Era una indagación extrema sobre la naturaleza del amor y los límites de la confianza.

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Un amor que nació del arte y terminó por el arte

Su amor, al final, terminó igual que el arte.

En 1988, la pareja presentó «The Lovers», una performance en la que partieron desde extremos opuestos de la Gran Muralla China y caminaron uno hacia el otro. Después de caminar 2 500 km cada uno para encontrarse en el medio y compartir un último abrazo, los dos se separaron una vez más. Ese fue el final. Abramović dijo lo siguiente sobre la obra:

«Queríamos poner fin a nuestro amor lentamente, a lo largo de mucho tiempo, caminando». Y así, su romance de 12 años se desvaneció por completo al concluir ese viaje de 90 días.

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Un reencuentro después de 22 años: un momento que puso la piel de gallina

Sin embargo, el destino les tenía reservado otro encuentro. En 2010, Abramović presentaba una nueva performance en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York.

«The Artist is Present»

Durante tres meses, se sentó a una mesa ocho horas al día. Solo se permitía a un visitante a la vez sentarse frente a ella y mirarla. La gente sonreía o derramaba lágrimas al mirarla a los ojos. Pero ese día, un hombre se sentó en silencio frente a ella.

Era Ulay. Un reencuentro después de 22 años.

En ese momento, la expresión de Abramović vaciló. Los dos se miraron en silencio. Las lágrimas brotaron y una sonrisa se dibujó en su rostro. Sin embargo, había una regla en esta performance: bajo ninguna circunstancia debían hablar ni tomarse de las manos. Pero rompiendo todas las reglas, Abramović tomó la mano de Ulay. Fue un momento en el que un amor del pasado se reavivó a través del arte.

El dolor es arte

Abramović planteó la pregunta: «¿Cómo puede un artista superar sus propios límites?». Ella soporta el dolor, resiste extremos emocionales y explora el significado de la existencia a través del arte. Su arte no es meramente una performance.

Su arte es un experimento intenso que rompe los instintos primarios humanos y las barreras sociales. Incluso hoy en día, sus performances plantean preguntas al público, lo hacen sentir incómodo y, en última instancia, lo llevan a reflexionar sobre sí mismo.

«Si estuvieras frente a un artista, ¿hasta dónde llegarías?»

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