Galerías de arte del mundo ⑦ Un paraíso artístico sin paredes: «Insel Hombroich» en Alemania
Ubicada en los humedales a orillas del río Erft, en las afueras de Neuss, Alemania, Insel Hombroich es un lugar que redefine por completo nuestra concepción de lo que es una «galería de arte».
«Insel» significa «isla» en alemán y, fiel a su nombre, este lugar es una utopía donde la naturaleza, el arte y la arquitectura conviven sin barreras, lejos del ajetreo del centro de la ciudad. Sin la ayuda de un mapa guía ni de descripciones de las obras, los visitantes deambulan por los bosques y campos, encontrando arte dentro de los pabellones de ladrillo rojo que aparecen de repente ante ellos.

Compartir sin ser dueño: el fundador Karl-Heinrich Müller
Este espacio milagroso surgió de la gran visión de Karl-Heinrich Müller, un promotor inmobiliario y coleccionista de arte alemán. En 1982, compró una antigua casa solariega abandonada y la extensa zona pantanosa que la rodeaba. En lugar de confinar su vasta colección de arte a un espacio de exposición estático, Müller deseaba liberarla en el seno de la naturaleza, bajo el lema «Arte paralelo a la naturaleza».
Rechazando el sistema comercial de los museos, esperaba que los visitantes tuvieran una experiencia pura, confiando únicamente en sus propios sentidos —libres de cualquier conocimiento previo o prejuicios— al apreciar el arte. Con este fin, introdujo prácticas operativas poco convencionales, como incluir el costo de una comida (una sencilla comida orgánica servida en la cantina del museo) en el precio de la entrada y prescindir de los letreros informativos y la iluminación.

La arquitectura como escultura: los pabellones de Erwin Heerich
Los aproximadamente diez pabellones que completan el paisaje de Hombroich son obra del escultor Erwin Heerich. Basándose en su filosofía de que «la arquitectura es una escultura en la que uno puede habitar», dispuso edificios de ladrillo rojo con formas geométricas simples a lo largo del bosque.
Estos pabellones se mantienen prácticamente sin calefacción, aire acondicionado ni iluminación artificial.
Solo la luz natural que se filtra a través de los techos ilumina los interiores, lo que hace que la apariencia de las estructuras cambie constantemente con el paso del tiempo y las condiciones climáticas. La colección de Müller —que abarca desde grabados de Rembrandt hasta antiguas esculturas jemer y pinturas abstractas modernas— resuena con los sonidos de la naturaleza dentro de estas «salas de silencio» creadas por Heerich. Para los visitantes, el mero proceso de encontrar el edificio es una exploración en sí misma, y en el momento en que entran, se les concede un momento perfecto de contemplación, aislados del mundo exterior.

La yuxtaposición de la naturaleza y el arte
El verdadero encanto de Insel Hombroich radica en el exquisito equilibrio entre lo creado por el hombre y lo silvestre. En lugar de crear parterres artificiales, el arquitecto paisajista Bernhard Korte se enfocó en restaurar el sitio a su ecosistema original de humedal. A medida que los visitantes caminan por los senderos, cubiertos de maleza y flores silvestres, su mirada se desplaza naturalmente de las flores silvestres a sus pies hacia las obras maestras en las paredes.

Aquí ni siquiera hay los habituales letreros de «No tocar», ya que Müller creía que el arte debía ser una extensión de la vida cotidiana.
La sencilla comida que se sirve en la cafetería del museo —papas, pan y manzanas— también sirve como recordatorio de que apreciar el arte es un acto de supervivencia tan esencial como saciar el hambre. Insel Hombroich no ofrece a los visitantes un espectáculo de esplendor, sino una purificación de los sentidos.

De una base de la OTAN a un bastión del intelecto humano: «Raketstation»
La filosofía de Insel Hombroich se hizo realidad cuando el museo adquirió la antigua base de misiles de la OTAN vecina, ampliando así el distrito del museo. El sitio de la OTAN, a 12 minutos a pie del Museo Insel Hombroich, se convirtió en un segundo espacio artístico.
Como resultado, la «Raketenstation» (Estación de Misiles) —que alguna vez fue un símbolo de la Guerra Fría y un lugar de temor donde se desplegaban ojivas nucleares— se ha transformado ahora en una «base para la experimentación intelectual» donde artistas, científicos y poetas viven y llevan a cabo sus investigaciones. En lugar de demoler esta instalación militar —un legado de la guerra—, Müller buscó demostrar el poder sanador y de construcción de la paz del arte al preservar su estructura e infundirle nueva vida artística.

Maestros de la arquitectura de renombre mundial unieron fuerzas para este proyecto monumental. Tadao Ando diseñó el Museo de Arte de la Fundación Langen, de forma semicircular, que parece flotar dentro de la base, creando un espacio meditativo formado por concreto, vidrio y luz. Además, el maestro portugués Álvaro Siza, en colaboración con el arquitecto Rudolf Fischer, erigió el Centro de Arquitectos, que se destaca por la belleza escultórica de su mampostería de ladrillo rojo. Los cuarteles donde antes vivían los soldados se han convertido en estudios para artistas y salas de investigación para filósofos, mientras que los silos de misiles se han transformado en escenarios donde se presentan espectáculos de danza y música contemporáneas. Este espectáculo, en el que la creatividad humana florece donde antes se alzaban armas de muerte, puede considerarse la cúspide de la utopía cultural a la que aspira Insel Hombroich.


[Información de viaje]
- Ubicación: Müllem 1, 41472 Neuss, Alemania
- Fundador: Karl-Heinrich Müller
- Arquitectura y diseño: Erwin Heerich, Bernhard Korte
- Características: «Un museo en su estado natural», sin calefacción, aire acondicionado ni iluminación artificial, que cuenta con descripciones de las obras expuestas. El precio de la entrada incluye una comida sencilla.
- Consejo: Es un lugar maravilloso para apreciar los sutiles cambios de la luz natural, incluso en días lluviosos o nublados. Como recorrerás los extensos terrenos, es imprescindible llevar calzado cómodo.

